El rastro de Madrid
En el corazón de la capital, entre las calles estrechas del barrio de La Latina y los alrededores de La Ribera de Curtidores, se esconde un lugar único: El rastro de Madrid.
En el corazón de la capital, entre las calles estrechas del barrio de La Latina y los alrededores de La Ribera de Curtidores, se esconde un lugar único: El rastro de Madrid.
La luz del amanecer tiñe de oro las fachadas de Pamplona. En el aire, un murmullo crece como una marea: risas, campanas, pasos apresurados. Es el 7 de julio de 2024, y la ciudad despierta con el pulso acelerado de quien sabe que, durante una semana, dejará de ser solo piedra y historia para convertirse en un latido colectivo. San Fermín no es una fiesta: es un cuerpo vivo. Un organismo que respira en cada esquina, que se nutre de la energía de miles de manos alzadas, de voces que corean, de pies que bailan sobre adoquines centenarios. Aquí, en estas calles estrechas y empedradas, no hay espectadores: todos son protagonistas.